Los Caballos de Yari en su querido río Cubuy en Puerto Rico
Como olvidar los pequeños momentos que viví en mi infancia. Unos de los que recuerdo con exactitud es cuando iba con mi padre al rio para bañar los caballos.
Era muy riesgoso para una niña de 9 años bajar con esos caballos tan inmensos y salvajes por una cuesta llena de lodo y peor aún mantenerlos estabilizados sobre las piedras del río.
El sonido del agua corriendo los ponía muy nerviosos y para tranquilizarlos mi padre me decía que les silbara y les cantara suave mientras los restregaba y les sacaba el lodo de su imponente figura.
Por cierto, los caballos que más trabajo me daba bañarlos eran “El General” y “Rocky” . No se me olvidan esos nombres, a pesar de la larga lista que tengo guardada en mi memoria, pues eran más de 140 caballos, de todos los caballos que pasaron por la vida de mi padre y de la mía.
Teníamos caballos con buen paso, otros con mal paso, flacos y gordos, saludables o enfermos.
Era un reto hacer maravillas con cada uno de ellos. Esa tarea que me tocaba hacer con mi padre día a día, bañarlos en el rio, darle comida y limpiar los establos me sirvió como disciplina a no tener miedo, ser atrevida y aprender a manejar los animales.
Volviendo a la aventura en el río, lo mejor de toda esta diversión era que al final de terminar de sacarle la mugre, mi papá y yo nos tirábamos de una piedra a nadar.
Eso sí más arriba del lugar donde bañábamos a los caballitos, para poder nadar en agua limpia.
Creo que mi padre nunca supo que siempre lo ayudé porque me encantaba, al final de todo, bañarme en el río.
A lo mejor lo sabía, pero nunca me lo dijo.
Yari te quiere mucho.
Yari Tza, Miami, mayo 2012







3 Comentarios
Me parece una bella historia!
Gracias Beatriz por el comentario, Vamos algun dia a montar caballos y te voy a ensenar como dominarlos. Ellos son muy inteligente y saben cuando una persona tiene miedo.
Yary por lo menos logró bañar a los caballos. Yo soy de campo y nunca logré andar con un caballo, la última vez recuerdo que me monté y le decía: dale caballo! Y aquel animal ni se movía, como si no fuera con él, siguió comiendo hierba y no me hizo ni el menor caso, jajaja. Por supuesto! Me tuve que ir para mi casa sin montar caballo,