Muere en La Habana el campeón mundial y medallista olímpico Douglas Rodríguez

El campeón mundial y medallista olímpico, Douglas Rodríguez, falleció en la tarde de este domingo en su casa en la ciudad de La Habana, informó a Universo Increíble, su hija Yelena Rodríguez, residente en Miami.

Su cadáver estará expuesto en la funeraria de Calzada y K en el Vedado, hasta el mediodía de este lunes, cuando será trasladado a Santiago de Cuba, su ciudad natal, donde será sepultado.

Nacido  el 3 de junio de 1950, Rodríguez es ampliamente recordado por su pelea en el Mundial de 1974 en La Habana, cuando le pidió al médico del equipo cubano que le anestesiara su mano fracturada, lo que le permitiría ganar la medalla de oro, que después le entregaría a Fidel Castro.

Después de su retiro, Douglas Rodríguez quedó olvidado por las autoridades cubanas, como la mayoría de los boxeadores que lo han dado todo por el deporte y por su país, lo que se muestra en el documental ¨Knockoutkuba: El Precio de la Lealtad¨ realizado por el cubano Darsi Ferrer y el español Manuel Benito del Valle.

En los últimos tiempos Rodríguez se había refugiado en la bebida para intentar olvidar la ingratitud de quienes colmó de gloria en el mundo.

Llegue a sus familiares, amigos y seguidores de los campeones cubanos nuestras más sinceras condolencias.

Fotos Cortesía Documental ¨Knockoutkuba: El Precio de la Lealtad¨

 

 

2 Comentarios

  1. Yelena Rodriguez dice:

    Gracias Oscar ,que lindo que dolor tengo.

    Señor Jose Collantes ,mucho gusto , tienes toda la razón .

    Gracias.

    Yelena

  2. En esa época yo vivía en Cuba bajo el régimen castro-comunista y no le daba importancia a esas “glorias” del deporte cubano, desconocía ese gesto de Douglas Rodríguez, lo cual fué su decisión y se la respeto pero si hubiese sido yo, se la ofrendaría a ese digno y grande cubano que fué José Martí.
    A estas alturas ya ese Oro debe estar fundido y depositado en las arcas de la familia del Supremo, Fidel Castro.
    Pasaste a la ingratitud y al olvido por regalar lo que era tuyo, lo que luchaste con ese talento que Dios te dió a tí y no a uno que no se lo merecía.

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